lunes, 25 de marzo de 2013

PALEOINDIO EN MESOAMERICA

 

El apogeo del Paleoindio

La cultura mejor estudiada de este periodo es la cultura Clovis. Se trata de pueblos que se dedicaban a la caza de mamuts en las planicies de Oklahoma, Colorado y Nuevo México; destaca la belleza poco común de las puntas de sus lanzas. Estas bandas de cazadores y recolectores no conocían las clases sociales, ni el Estado. En un periodo que comprende la mayor parte de la historia del hombre sobre la faz de la tierra –desde hace más de 150,000 años hasta apenas unos 10 mil si consideramos al Sapiens sapiens- el modo de producción básico de la humanidad se basó en la caza, la pesca y la recolección. En general los hombres eran nómadas, vivían en bandas, clanes y tribus de un máximo de unos cuantos cientos de personas; su modo de pensar se ajustaba a lo que conocemos como pensamiento mágico y vivían sometidos a los caprichos de la naturaleza. No había clases sociales, ni ricos, ni pobres, ni existía Estado, ni familia nuclear; el individuo se encontraba subsumido a la colectividad de la misma forma en que una abeja se subsume a la colmena, destacando individualmente en función de necesidades colectivas, religiosas, bélicas o de otra índole bajo la soberanía de la asamblea general.
El arcaico americano
El descubrimiento de la agricultura fue una de las revoluciones más importantes de la historia de la humanidad. Su descubrimiento no fue el simple producto de la genialidad de la mente humana sino el resultado de una crisis global que obligó a los cazadores recolectores a buscar nuevas fuentes alimenticias. En general, las mismas condiciones que orientaron a los pueblos de oriente medio a dar el gran salto fueron las que obligaron a los pueblos mesoamericanos a domesticar el teosinte. El final de la última glaciación (hace unos doce mil años) tuvo un impacto significativo a nivel global que repercutió en las formas de vida de los pueblos cazadores recolectores, abre el periodo de la prehistoria americana que se conoce como periodo arcaico (conocido como mesolítico a nivel global). Se trata de un periodo de crisis que prepara la revolución neolítica (domesticación de plantas y animales). El cambio climático ocasiona la extinción masiva de la megafauna pleistocena (mamuts, renos gigantes, etc) y el cambio de las estrategias alimenticias de los pueblos del mesolítico hacia recursos fluviales y boscosos, la recolección y la caza de pequeñas presas (alimentación de amplio espectro). Estas condiciones determinaron que los pueblos del mesolítico tendieran a establecerse cerca de los cursos fluviales y las zonas boscosas y establecieran una relación más estrecha con los ancestros silvestres de las primeras plantas y animales domesticados. En el caso del viejo mundo, por ejemplo, no es casualidad que los pueblos mesolíticos del creciente fértil, en Oriente Medio, que recolectaron los ancestros silvestres del trigo y la cebada (de los cuales se alimentaba a su vez los ancestros salvajes del cerdo y los rumiantes como la cabra y el buey) fueran los primeros en el mundo en experimentar la revolución neolítica. Los habitantes del viejo mundo tuvieron el privilegio de tener las condiciones ecológicas ideales para la domesticación casi simultánea de plantes y animales (especialmente los ancestros de los animales de tiro productores de leche). Los habitantes del llamado nuevo mundo no tuvieron tanta suerte, la extinción masiva del periodo arcaico, favorecida probablemente por el exceso de caza de los pueblos Clovis, abarcó a todos los animales domesticables que pudieran servir como animales de tiro y que fueran grandes productores de leche y carne (la única excepción fue la llama en Sudamérica pero por sus características nunca sirvió como animal de tiro). Los animales domesticados en Mesoamérica son pequeñas gallináceas y el famoso tepescuincle. Ésta es probablemente un de las explicaciones de porque fue el viejo mundo el que conquistó al nuevo y no a la inversa: la falta de animales de tiro que profundizaran las repercusiones de la revolución neolítica condicionó, muy probablemente, el relativo retraso en el desarrollo histórico de los pueblos mesoamericanos, a pesar de haber domesticado de manera absolutamente independiente y por sus propios medios plantas como el maíz y la calabaza casi al mismo tiempo (la domesticación del maíz puede datarse en un periodo tan antiguo como hace unos 9 mil años) que los primeros agricultores del viejo mundo hicieran lo mismo con el trigo, los pueblos del periodo arcaico siguieron siendo parcialmente nómadas varios miles de años después de la domesticación porque no contaron con los grandes herbívoros domesticables que pudieran satisfacer sus necesidades alimenticias.
Las culturas paleoindias no dejaron pirámides, ni estelas, ni murales, ni tampoco objetos de cerámica, jade u oro. Revelan sin embargo un innegable poder de fascinación, para quien toma el tiempo de interesarse por ellas, liberándose de los burdos prejuicios que a menudo rodean a nuestros ancestros de la Prehistoria.

Desde Alaska hasta el cono meridional de la América del Sur, miles de lugares han dado lugar al descubrimiento de vestigios paleoindios.

Los discretos artefactos que integran este material están elaborados principalmente de piedra, pero también de hueso, de marfil, y muy raramente de madera; en cuanto a las huellas de arreglos residenciales, se limitan a menudo a simples hogares y hoyos de postes. Las ocupaciones paleoindias más antiguas conocidas hasta el día de hoy (y cuya antigüedad es aceptada sin demasiadas reservas por la comunidad científica) tienen entre 15,000 y 16,000 años de edad, y fueron evidenciadas en Estados Unidos.

Basándonos en datos proporcionados no solamente por la arqueología, sino que también por la genética, la antropología física y la lingüística, podemos razonablemente considerar que los primeros colonizadores del ‘Nuevo Mundo’ vinieron de Siberia, aprovechándose del istmo que la última gran glaciación había creado entre Asia y Norteamérica, al hacer bajar d rásticamente el nivel de los mares.
El asombroso ejemplo de estos aventureros de la Era de Hielo, que no fueron detenidos por las condiciones climáticas extremas que afectaban en ese entonces las regiones del Pacífico Norte, acredita la tesis expresada por el doctor Clawbonny, en las Aventuras del Capitán Hatteras, de Jules Verne (1867): ‘No creo en las comarcas inhabitables…’. Otro aspecto asombroso del poblamiento inicial de las Américas es su rapidez: en aproximadamente un milenio, al parecer, el hombre alcanzó el sur de la América del Sur, cuando le tomó cerca de 30,000 años para atravesar Siberia.
Esta formidable expansión, en una tierra nueva y llena de promesas, fue probablemente favorecida por la práctica de la navegación costera.
A partir de su bagaje asiático, los primeros americanos no tardaron en desarrollar tradiciones propias, de las cuales las más difundidas son las que se designan bajo los nombres de ‘Clovis’ y ‘Cola de Pescado’ . Las mismas produjeron puntas de proyectil muy características y admirablemente trabajadas.
Mientras que la cultura de Clovis floreció desde el sur de Canadá hasta Venezuela, entre 13,300 y 12,800 años atrás, la tradición definida por las puntas ‘Cola de Pescado’ se esparció por la América del Sur y Central, en la misma época.
Fuera de los casos de hallazgos aislados, los artefactos paleoindios fueron recolectados en sitios que se interpretaron como campamentos, lugares de matanzas de presas, canteras, talleres, escondites y sepulturas.

Estos contextos reflejan un modo de vida nómada y una organización social de tipo familiar, tribal o clánico.
Su estudio muestra además que las poblaciones del período Paleoindio poseían un agudo sentido de la orientación, y que adquirieron un profundo conocimiento de su entorno, permitiendo una eficiente explotación de los recursos naturales, tanto vegetales como animales (más allá de la cacería de los grandes mamíferos herbívoros que vivían en aquella época en el continente americano).
Pero no podemos confinar nuestra aproximación de los grupos paleoindios a los aspectos prácticos o sociales.
Cuando ingresó a América, la especie humana ya estaba dotada de un profuso legado simbólico.
No es sorprendente, entonces, que las primeras culturas del continente hayan dejado testimonios artísticos.
Estos aparecen bajo la forma de piedras y huesos grabados o pintados, y excepcionalmente, de petroglifos.
El uso del ocre rojo, para colorear objetos u osamentas colocados en espacios funerarios, debía tener un propósito ritual; esta costumbre era ampliamente difundida entre las sociedades del Paleolítico Superior (40,000 - 9,000 a. C. ), a través del mundo. Pero resulta muy difícil hacerse una idea, aunque sea muy aproximada, de las creencias religiosas paleoindias, a partir de los indicios de posibles rituales.
En América del Norte y del Sur, el estudio del período Paleoindio se ha convertido en un eje importante de la in vestigación arqueológica.
Por contraste, en Centroamérica, los proyectos enfocados específicamente a ese remoto pasado han permanecido muy escasos. Eso explica por qué, a la fecha, el número de sitios paleoindios confirmados en el istmo centroamericano (entre Chiapas, México, y Panamá) llega con dificultad a unos 40 —15 estando ubicados en Panamá—.
 En este reducido corpus no se encuentran objetos de hueso, marfil o madera, ni manifestaciones de arte gráfico, ni evidencias de actividades ceremoniales. Sumado a ello, la cronología de los vestigios está pobremente documentada, y los fechamientos por radiocarbono disponibles en este campo apenas alcanzan una antigüedad de 13,300 o quizá 13,400 años. A pesar de eso, el patrimonio Paleoindio de Centroamérica no carece de relevancia.
Uno de sus aspectos que más intrigan a los investigadores, es la cohabitación de las puntas de proyectil Clovis y Cola de Pescado.

A sí, Centroamérica aparece como una región clave para entender las relaciones entre dos grandes tradiciones paleoindias; pero ofrece igualmente pistas para definir tendencias particulares. Se pueden acariciar grandes esperanzas, al pensar en todos los secretos que podría revelar sobre la epopeya de los primeros americanos esta tierra donde la civilización experimentó tan prolífico destino.

1 comentario:

  1. Muy buen aporte! Seria mucho pedirte alguna recomendacion de lecturas sobre el paleoindio en centroamerica o mesoamerica? te lo agradeceria mucho

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